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EL ASADO ARGENTO

                                                                        

Para los que están de este lado del mundo seguramente poco de lo que les pueda yo decir en esta entrada les va a resultar novedoso, seuguramente nada, pero bueno, mis disculpas para con ellos, porque hoy es mi intención que los de el otro lado se interiorizen un poco más sobre una de las tradiciones más sagradas y ancestrales del pueblo argentino, si, el asado. Prácticamente puede decirse que no hay celebración o reunión de amigos en las que no se de cuenta de un rico asado, y no son pocas las familias que tienen por costumbre juntarse todos los domingos a gozar de la compañía y como no, a clavarse el consabido asadito dominical, aunque también es cierto que en los últimos tiempos y debido al abusivo precio que está alcanzando la carne, esta práctica está convirtiendose poco a poco en un lujo no al alcance de todos los bolsillos.

Pero bueno, ese es otro tema, a lo que ibamos, lo que se puede decir sobre la preparación es que aunque hay reglas básicas, como en todo, cada maestrillo tiene su librillo, y seguramente cada asador estaría dispuesto a jurar que su “modus operandi” es el correcto. A los no iniciados, les puede parecer que no hay ningún secreto, que sólo se trata de preparar un fuego y tirar más o menos pedazos de carne a la parrilla, pero les aseguro por experiencia propia que no es tan fácil.  Rápido comprendí que hay que tener buena mano, para darle el punto justo, son muchas las variables que hay que manejar, hay que saber cuanta cantidad de brasas hacen falta y en que momento, para mi es un arte el saber acercar o alejar las brasas  para evitar la rápida abrasión y conseguir un asado lento y uniforme. Da fe de que es un arte el hecho de que es común que una vez servido el asado y previa degustación, cuando este es del agrado de los comensales, se pide un aplauso para el asador.

Como diría Martín Fierro: “Todo bicho que camina va para el asador”, lo que da una idea de la variedad de carnes, y dentro de estas, sus respectivos cortes, que pueden llegar a conformar una parrilla. Puede ser carne vacuna en sus diferentes y variados cortes, chorizos, cordero, pollo y algo a lo que nosotros no estamos muy acostumbrados y que normalmente por desconomimento rechazamos, pero que es sabrosísimo, como son las “achuras”. Los gauchos cuando carneaban la vaca no aprovechaban las visceras, de ahí viene el vocablo “achuras”, lo que no sirve o lo que sobra. Pero les aseguro que si uno logra vencer los escrúpulos no hay cosa más rica que un chinchulín, una molleja o una tripa gorda, yo afortunadamente pude vencerlos y no se me escapan.

Así que nada, yo me quedo esperando el próximo asadito, y los que estan por las Españas, dense una vueltita por estos lares y les prometo que los agasajaremos con estos ricos manjares.

Por Fermín Gonzalo

Cronista y seguidor de la U.D. Logroñés, autor del blog #ÁreaBlanquirroja

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